por Jorge Díaz
Gonza ya no trabaja más en Nozar. Desde que entró, las cosas no le han ido demasiado bien a la economía de la inmobiliaria. Tampoco a la del país. Llámenlo casualidad, si quieren. Yo prefiero decir que hubo una causa y una consecuencia.
Total, que debido al inevitable recorte de gastos y por ende de plantilla, el lunes fue su último día, pero mantuvimos la rutina. Quedamos en Sol sobre las 7 y pico para partir hacia casa de López. Yo llegué más tarde porque mi jefa estará de baja cuatro meses y ahora tengo responsabilidades y trabajo. No echo de menos tocarme los huevos.
López por su parte ya ha terminado los exámenes. Aunque acaba de cumplir 25 años y con 25 años la gente suele trabajar y no hacer exámenes, López quiere ser estudiante por toda la eternidad. Estos días se dedica a pasar el tiempo, quedar con la novia y jugar a la Play (es capaz de hacer estas tres cosas a la vez) y nos acoge en su casa antes de los partidos. López siempre nos deja la casa para casi todo y nunca se lo agradecemos de la manera que deberíamos.
El lunes cuando Gonza y yo llegamos, Alberto ya estaba allí. Como todo buen ex-alumno del Delicias se las apaña para acabar antes y currar menos. Tenía el traje entre las manos y lo colgaba en perchas con cuidado, consciente de que las apariencias importan.
Yo me había comprado un bocata de tortilla que devoré ansiosamente mientras López y Alber echaban una última partida al Pro. A las 20:30 nos dirigimos al portal de Nandy, donde nos esperaba Darío en su Honda Civic.
Darío apura sus últimos días en España. Se irá a vivir a Nueva York a final de mes. Va a alquilar un piso en Manhattan que le servirá para dormir si sus jefes del BBVA se lo permiten. Aún así afronta esta aventura con una gran ilusión porque ya sabe que los sueños suelen tener un coste, sea en euros o en dólares.
Pero si los sueños son caros, seguro que lo es más el nuevo avión de Nandy. Si en la parte trasera en vez de 'Mercedes' pusiera 'Boeing', a nadie le resultaría extraño. Me fui con él al campo y en el trayecto dio tiempo a experimentar las bondades del bólido: potencia descomunal, detector de radares y calefacción en el ojete. ¡Una maravilla!.
Casi siempre jugamos en el Canódromo. Fue remodelado hace un año y tiene una grada con cuatro mil asientos vacíos. Pero está guay para imaginarse que somos futbolistas de verdad. Además hay un parking que cuesta un euro, con lo que ahorramos tiempo y ganamos comodidad. Al campo se entra a través de la grada. Subes unas escaleras y te encuentras el terreno de juego ante ti: un campo de fútbol 11 y uno de fútbol 7.
Los vestuarios huelen a pis y vómito. Ya nos hemos acostumbrado, aunque las primeras veces casi preferíamos cambiarnos fuera. Son grandes y tienen bancos de madera junto a las paredes.
El lunes Fede y Ross entraron después. Fede suele salir en los coches desde Delicias, sin embargo el otro día acompañó a Ross ya que Mayer no pudo venir porque estaba trabajando. Se rumorea que aún debe horas de la conocida "Noche Negra" del 28 de diciembre.
Ross no se llama así, se llama Julio, no obstante su parecido con uno de los protagonistas de friends es suficiente como para cambiarle el nombre. Además, en el Madrid 500 coincidió con otro Julio, "Piraña", y era más sencillo distinguirles mediante apodos.
Este año en el vestuario siempre acabamos imitando a Luis Aragonés. "No, no, no y tal, máteme pero no me mienta". No sé cómo el seleccionador nacional ha llegado a convertirse en casi un compañero más antes de cada partido.
Cuando ya nos habíamos puesto el traje de luces (camiseta XXS incluida), apareció Yerai. Yerai siempre encuentra maneras de entretenerse para llegar tarde, pero luego es el primero en salir. Serán cosas del matrimonio.
(Nde: Jose Carlos de la Pola no aparece en este relato por estar más pendiente de mear que de sus compañeros)
jueves, 21 de febrero de 2008
Mis amigos y yo jugamos al fútbol
Publicado por Jorge D. en jueves, febrero 21, 2008
Etiquetas: jornada_2_2, segunda vuelta
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